Lauro Zavala en Tijuana
Lauro Zavala en Tijuana
Por Juan Alberto Apodaca
Esta es la historia de la visita de Lauro Zavala a Tijuana. Lauro es un personaje tan conocido y reconocido a nivel mundial que hasta tiene su propia página en Wikipedia. Un teórico como pocos, un viajero como muchos y un ser humano como nadie. Sencillo entre los sencillos, tanto que la idea de su histórica visita a Tijuana fue de él, concebida entre cybercharlas que sostuvimos desde que lo conocí (mejor) en Guadalajara.
Al conocer el interés del “Superman del cine y de las formas breves, de la minificción”, (como lo describe Fernando Valls), en visitar esta frontera, la respuesta positiva fue inmediata por parte de Édgar Rodríguez (del CECUT) y Ramón Mundo (de
Todo comenzó con la conferencia El cine documental en México (que resultó en una zarandeada teórica sobre los tipos de cine -incluyendo el documental, por supuesto- clásico, moderno y posmoderno, entre otras cosas); La frontera interior en el cine internacional (apasionante viaje a través de fragmentos de filmes de distintas partes del mundo sobre fronteras impuestas y autoimpuestas, entre otras cosas); De la teoría de la novela a la teoría de la minificción (a la que lamentablemente no pude asistir); Teorías del cine y teorías de la literatura (nos presentó pruebas tangibles de las similitudes y disparidades entre ambos tipos de teorías, entre otras cosas); y, la presentación del libro Ironías de la ficción y la metaficción en cine y literatura (que a final de cuentas derivó en la presentación de unos 12 libros del mismo Lauro, entre otras cosas). En lo personal, y entre otras cosas, me quedo con dos máximas zavalianas extraídas de sus conferencias en Tijuana: “lo ficcional es una verdad contextualizada” y “la vida es una copia chafa del cine”.
En su fugaz paso por esta ciudad, Lauro Zavala dejó una importante estela de reminiscencias teóricas y conceptuales, proyectos pendientes, amistades nuevas y refrendadas, bocas abiertas, puntos de vista ampliados, mitos resueltos con una frase, y, para el que esto suscribe, realimentó la fiel creencia en que una personalidad académica de su talla es, ante todo, un ser humano alcanzable (aunque algunos se crean extraterrestres). Además, es la única persona que conozco que tiene una colección con más de 6,000 películas y, el único fuereño que en su primera visita al localmente conocido Bar Turístico, pide un chocomilk.
*Columna publicada en El Sol de Tijuana. Viernes 21 de mayo de 2010