Brasilia y la mutua alteración política

Brasilia

La ciudad-proyecto del siglo XX

Pocas ciudades pueden decir que fueron planeadas por completo, hechas desde un inicio en base a un proyecto urbano. Una de ellas es Brasilia, capital del país de las Amazonas. Pero, ¿qué consecuencias teórico-urbanas tiene una ciudad así?

La mutua alteración política

La ciudad, en relación con sus habitantes, es causa y es efecto de manera simultánea; es quien altera a sus habitantes y es aquello alterado por ellos. Una ciudad crea formas específicas de ser ciudadano. Su morfología urbana, entonces, es una causa (de muchas) del devenir social. Pero la ciudad misma es también efecto en tanto que es una construcción de sus ciudadanos: la urbe como reflejo del espíritu colectivo. A este fenómeno de causa-efecto simultáneos dentro de una polis (ciudad/habitantes) le llamaremos la mutua alteración política.

Pero, ¿qué pasa con una ciudad entera es ideada por un par de personas? Tal es el caso de Brasilia, la ciudad-proyecto, intencionalmente planificada para volverse el distrito federal de Brasil. Elaborada casi en su totalidad por el urbanista Lúcio Costa y el arquitecto Oscar Niemeyer, Brasilia es la ciudad que se entendió a sí misma sólo en tanto causa. La alteración política pensada unilateralmente donde sólo la urbe tiene el poder de alterar la vida social en sus ciudadanos.

La palabra arquitectura remite al “poder de la construcción” (de arké: “poder”, y tektura: “construcción”). La arquitectura es la repartición simbólica de poderes para la intervención creativa del espacio. Arquitecto, pues, es aquel que propicia la interacción de fuerzas-poderes disímiles, en conflicto, como fundamento creativo. Sin embargo, esta ciudad-proyecto, al planearse desde una visión (la de la Modernidad) que desfavorece la mutua alteración política, dejó de lado el poder de sus habitantes en tanto creadores de formas y dinámicas urbanas. Así entonces, si asumimos una postura más crítica, toda ciudad-proyecto homogénea en su forma y estilo es la expresión urbana de la imposición.

Brasilia y la Modernidad

En la Modernidad, urbanismo y arquitectura se entretejieron notoriamente. Pensar el espacio particular (la arquitectura) no se concebía sin pensar el espacio colectivo (el urbanismo). La arquitectura, pues, es un “acto político” (al decir de mi amigo arquitecto René Peralta), es decir, una creación de nuevas polis, nuevas urbes, nuevas relaciones sociales. Y este urbanismo-arquitectura de la Modernidad tuvo como principal representante al teórico franco-suizo Le Corbusier (1887-1965).

Por ello, la colaboración en 1956 entre Niemeyer y Costa, quienes tenían una marcada influencia en Le Corbusier, significó la praxis misma de las reflexiones modernas en torno a la ciudad. La distribución espacial de Brasilia (ciudad “mandada a hacer” para sustituir a Río de Janeiro como capital de Brasil desde 1960) se ordenó según su función socio-urbana: conjuntos residenciales por un lado, edificios comerciales por otro, hoteles al norte y al sur, súper avenidas aquí y allá, etc.

Pero al determinar cada dinámica de la vida social de sus habitantes la ciudad deja poco lugar al poder de los ciudadanos de intervenir en su contexto urbano. Y, además, el poder de la ciudad de alterar el estado social de las cosas se limita un estéril funcionalismo.

Así, con sus enormes avenidas sin semáforos y sus llamadas superquadras residenciales, esta ciudad se pensó en buena medida como una gran máquina de traslado efectivo (la forma urbana de Brasilia, de hecho, se asemeja a la de un avión). El habitante visto como objeto a desplazar y la ciudad (parafraseando a Le Corbusier) entendida como “máquina para vivir”.

Los situacionistas creían que perderse en la ciudad podía alterar tanto la psique individual como la social. Pero esta ciudad-proyecto no está hecha para perderse. Brasilia es la imposibilidad de la deriva situacionista y la desestimación del poder de la urbe de alterar sus dinámicas sociales más allá de la efectividad funcionalista.

El tiempo y la transgresión como alteración política

Brasilia, entonces, dificultó la mutua alteración política, pero este fenómeno es inevitable. Es más de carácter temporal que espacial. Es conocido el caso de la Esplanada dos Ministérios que originalmente no contaba con caminos para que crucen los transeúntes pero que con el tiempo y los pasos se fueron formando líneas sobre el pasto (ejemplo tomado en línea, de Discovering Urbanism).

Así entonces, en ciudades-proyecto donde el poder de alteración política no es distribuido (habitantes que no puedan intervenir activamente en su urbe o viceversa), este poder se adquiere mediante la transgresión. Una ciudad-proyecto post-Brasilia, entonces, sería aquella que prevea esta transgresión y la incluya como un poder de alteración temporal urbana, le dé un lugar en el devenir de la ciudad. Éste es el reto de la arquitectura-urbanismo en la actualidad.